Producir es cosa seria... 2/3

El artista, y me refiero más específicamente a los teatreros, están muy acostumbrados a la devaluación de su trabajo. Hablo por los estudiantes del Colegio de Literatura Dramática y Teatro. Sin culparlos, pues si se trata de profundizar en el tema, debemos decir que el problema viene desde hace 40 años atrás.
Antes de la década de los 70s la cultura en el mundo era un deber del Estado. En los 70s todos los países firman un tratado internacional (convocado por la ONU) donde se reconoce a la cultura como un derecho de la sociedad. Bueno, rectifico: todos los países firman el tratado excepto dos: Perú y México.
A partir de este convenio, los artistas deben buscar sus propios fondos pues empieza el recorte de presupuesto gubernamental para la cultura. Alemania y España sobresalen pues empiezan a sistematizar esta labor y crean una metodología.
Por cierto, olvidaba decir que nuestro querido México, que por cierto el próximo año festeja jubilosamente 200 años del inicio de la lucha de independencia y el centenario de la Revolución (¡fanfarrias por favor!): acaba de firmar este tratado, el 2 de noviembre de 2008. Por lo cual, literalmente, estamos 40 años en un retraso de sistema.
Eso que empezaron a crear los amigos alemanes es conocido ahora como “Autogestión”, y no es más que el manejo de las herramientas que un sistema nos ofrece para el desarrollo de proyectos culturales.
Comienza el lío. En México no sabemos tan siquiera redactar un Proyecto Artístico. Quizá parecerá familiar el siguiente evento: el estreno de una obra de teatro. Se realiza en un foro con capacidad para 150 personas, pero sólo asisten 30 (¡genial, el 20% de aforo!) y de éstos: 20 son familiares y amigos del elenco (por lo que entran gratis, claro ¿cómo cobrarle a la familia?), 6 personas del público resultan ser gente de teatro, y 4 fueron cortesías.
En realidad me pregunto ¿cómo pretendemos vivir así? Lo anterior es un ejemplo de cómo no ser profesional.
Literatura Dramática y Teatro es una carrera de la Universidad Nacional Autónoma de México, una carrera como lo es Administración, una carrera como Arquitectura, como Ingeniería, como Medicina, etc.
Esto me recuerda: cierto día mi dentista me comenta “Me enteré que estás saliendo en una obra”, y acto seguido me pide que lo invite, “nada te cuesta” me dice. Yo, conteniendo mi hiperventilación, le trato de explicar de la manera más atenta que no puedo, que él no me haría una cirugía por “cortesía”, que si bien me va, me dará un estimable descuento de ¡2.5 pesos y ya! ¡Nunca me regalaría su trabajo! Y claro, se ha preparado para ello, sabe hacer su trabajo, lo que él decidió hacer en la sociedad ¿Por qué el artista (teatrero) tendría que regalar su trabajo?

Trabajar profesionalmente en un sistema autogestivo es saber relacionar a las instancias del sistema en el que vivimos todos los días, y de los que no nos podemos separar, y estos son: Instituciones, Fundaciones y Empresas. A través de planes de apoyo, planes de cooperación y planes de negocio.
Aquí es donde ya estoy oyendo: “lo que pasa es que tú quieres vender tu obra” ¡No! Sólo que, como bien decía un reconocido director chileno: “dignidad en el bolsillo es dignidad en el escenario”. De esta manera, sólo la completa y digna implementación de recursos va a permitir sacar adelante un proyecto de manera profesional y con alto nivel de excelencia.
Creo que como artistas, se trata de no hacerla de todólogos. Un proyecto, o una obra (para usar términos coloquiales) requiere de todo un equipo de trabajo, pero también requiere de que cada individuo tenga un papel y una función específica dentro del equipo para que en conjunto, el resultado sea preciso y se logren todos los objetivos.
Desafortunadamente muy pocas veces sucede lo que acabo de mencionar en montajes universitarios. Montajes que, supuestamente, nos van formando para una experiencia en la realidad. Y nos es muy común que un director de escena sea al mismo tiempo diseñador gráfico, iluminador, musicalizador, técnico, y por si fuera poco: productor, teniendo que poner de su bolsillo para lograr el montaje (a veces apoyado por Fundación Papá y Mamá).
Todo esto en verdad me resulta muy triste. Mientras uno está dentro de ese mecanismo de trabajo por intuición resulta también lamentable, pero una vez que se sale y que se ve y se comprueba que las cosas se pueden hacer de diferente manera y con mejores resultados, es difícil volver a voltear para atrás, y en mi caso, es imposible.


continuará...

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