Producir es cosa seria... 1/3

Producir es cosa seria.
¿Apoco?

¿Pa’ qué sirve la cabeza sin dinero,
teatro frito y un huevo?
Sin dinero teatro es hambre pa’ rato
Eduardo Arbide
B.S.O. Noviembre

Hace poco comencé a escribir el presente ensayo para mi clase de Psicología del Teatro II, sin embargo, sentía que algo no terminaba de convencerme, tal vez hablaba desde una perspectiva muy lejana que ni yo misma conozco del todo. Y lo peor: no sabía cómo comenzar ni qué título ponerle.
Igualmente, hace unas semanas me llegó una invitación para el Segundo Encuentro con los Profesionales de la Producción de Espectáculos: “De la idea a los Aplausos” en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Asistí esperando encontrarme con experiencias ajenas que me sirvieran para mi propia formación. La primera mesa del encuentro se tituló “Producir es cosa seria”, y sí, de aquí surge la frase que da título a este ensayo, pues inmediatamente pensé “¿apoco? Si no me lo dicen nunca me doy cuenta”. Cabe mencionar que entre los ponentes en la mesa –en un escenario bastante moderno que contrastaba con las ruinas del exconvento que ahora es universidad- se encontraba Laura Rode, coordinadora de Producción de la División de Teatro de OCESA.
La segunda mesa del encuentro la titularon “¿Quién me apoya? Gestión de Recursos”. En esta mesa se encontraba la maestra Marisol Torres, quien en su primera intervención –y con su singular acento chileno- dijo: “Yo tengo dos problemas, el primero: si me preguntan ¿quién me apoya? Yo te contesto: A mí no me apoya ni mi mamá ni mi papá”. Ese fue el inicio de aproximadamente una hora de ponencia donde el silencio se apoderó del auditorio (salvo cuando Marisol confesaba su cruda experiencia a través de sutiles chistes y la audiencia se reía con ella). Comenzó a hablar de algo totalmente nuevo (por lo que me pude dar cuenta) para todos los asistentes: la Autogestión como método de Producción de Espectáculos. En este punto debo decir que tampoco estoy de acuerdo con la palabra “espectáculo”, claro que para gente como Laura Rode, Francisco Pazbotello o Colleen Patton, ese es su objetivo: la entretención; sin embargo, para mi el teatro tiene otra definición. Pero hoy no vengo aquí a hablar sobre ello. Sino del papel que tiene el productor en la creación de ese espectáculo, que en realidad debería llamar proyecto.
Es aquí donde me es difícil comenzar. Hablar sobre la producción en México es un tanto como la carrera de Geografía en la Facultad: todos saben que existe pero nadie los ha visto. La producción en el teatro suele hacerse por intuición. En la mayoría de los casos el director realiza también la labor del productor. Y en los mejores de los casos (donde el llamado Productor es realmente un Productor Ejecutivo) logran sacar montajes gracias a diversas convocatorias que organiza la ya famosa –y diosa para muchos- CONACULTA.
También tenemos, en otro extremo, a grupos de teatro muy a la manera de Noviembre. Y estos, en lo particular, me llenan de intrigas y uno quisiera comprenderlos, y -¿por qué no?- que funcionarán, pero incluso después de pertenecer a alguno, uno se lleva grandes decepciones; y por lo común suelen ser los primeros acercamientos a algo “extra-curricular”.
El teatro de calle. Ése que se hace en los escenarios de la vida diaria, en el ir y venir de la gente común.
El inolvidable Alfredo Baeza buscaba con Noviembre un “teatro independiente, libre y gratuito capaz de cambiar este puto mundo”. La idea no es nada cuestionable, el concepto es maravilloso, pero todo sabemos el fatal desenlace. No digo que el teatro de calle es malo, sólo que muchas veces la intención de generar un cambio se queda en eso: en una idea; y no se concretiza. Sucede con la mayoría de los “compañías de teatro” mexicanas. Esas que surgen para realizar un montaje, y que después desaparecen de un día a otro como el caso del viru’.
Sólo para ejemplificar: uno entra al área de teatros de la Facultad, y está llena de “egresados” que jamás saldrán del ámbito universitario. Yo me pregunto: ¿De qué sirve pretender una revolución, haciendo arte para artistas? Es como si un grupo de “revolucionarios” se juntan en un lugar secreto, hablan (por no decir “se quejan”) del sistema, putean a los gobernadores, dan uno o dos talleres (uno de cocina y otro de danza africana) y se van a dormir cómodamente para que al siguiente día las cosas estén completamente igual. ¿Cómo se dicen ser la voz de una sociedad sin tener siquiera identidad cultural?
Desgraciadamente, ése es el pensamiento de muchos mexicanos.

continuará...